El 2 de octubre, en Chemnitz, Alemania, la cineasta Vivienne Barry recibió el Premio de Honor (Honorary Award) del Festival Schlingel por su trayectoria artística. El reconocimiento surgió tras su encuentro con Michael Harbauer, director del certamen alemán, durante el homenaje que recibió en el Festival de Cine Ojo de Pescado, en Valparaíso. **** Vivienne …
El 2 de octubre, en Chemnitz, Alemania, la cineasta Vivienne Barry recibió el Premio de Honor (Honorary Award) del Festival Schlingel por su trayectoria artística. El reconocimiento surgió tras su encuentro con Michael Harbauer, director del certamen alemán, durante el homenaje que recibió en el Festival de Cine Ojo de Pescado, en Valparaíso.
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Vivienne Barry, creadora de la reconocida serie Tata Colores y pionera del stop motion en Chile, recibió el Premio de Honor (Honorary Award) por su trayectoria y décadas de trabajo artístico en el 31º Festival de Cine Schlingel certamen que, al igual que Ojo de Pescado, está dedicado al cine para niños, niñas y jóvenes.
La cineasta señala que los homenajes de Ojo de Pescado y Schlingel la motivan a continuar creando. Aunque reconoce que muchas personas se retiran a su edad, ella expresa: “Con todos estos incentivos, lo único que me dan ganas es de seguir y seguir adelante”. Su trayectoria incluye creaciones emblemáticas como la serie infantil “Tata colores” emitido en Televisión Nacional de Chile, el cortometraje de animación “Como alitas de chincol”, ganador en 2002 en el Festival Internacional de Cine de La Habana y en el Festival de Biarrtiz, y el largometraje documental “Atrapados en Japón”, ganador en el Festival de Cine de Valdivia en 2016, finalista en los Premios Platino del Cine Iberoamericano en el rubro Documental, entre otros premios.
Para Vivienne, ambas distinciones han sido una sorpresa. Durante su homenaje en Ojo de Pescado, en Valparaíso, se encontró con Michael Harbauer, director del Schlingel Film Festival. Hace apenas un mes no sabía que realizaría este viaje a la provincia donde aprendió animación hace más de 30 años y que no había vuelto desde los años 90’. Allí, en la provincia de Sajonia, oficialmente llamado Estado Libre de Sajonia, fue donde adquirió los conocimientos que luego llevó a Chile, donde todavía no se realizaba animación en stop motion.
Muchas personas de Chile y de otros países aprendieron junto a Vivienne Barry, quien compartió los conocimientos adquiridos en Alemania, en ese tiempo parte de la República Democrática de Alemania (RDA). Esa historia ha despertado interés en el país europeo: hoy la buscan para entrevistarla y conocer su trayectoria, así como los lugares donde trabajó y vivió. En aquella época, Vivienne jamás imaginó que su experiencia tendría esta repercusión, pues se consideraba una más entre muchas personas, aunque, como ella menciona, quizás era la única chilena.
El aprendizaje en Alemania
Vivienne comenta que este viaje reúne una mezcla de sensaciones. Recuerda que llegó a Alemania exiliada, en una época muy dura, era muy joven, tenía tres hijas y ninguna hablaba alemán. Durante sus primeros meses trabajó como obrera y tuvo que adaptarse a una forma de vida distinta a la de Chile.
Antes del exilio, Barry estudiaba Periodismo en la Universidad de Chile, al igual que su padre. También bailaba en BAFONA, cantaba y participaba en distintas actividades. Tras unos meses como obrera en el territorio alemán, buscó acercarse nuevamente a la cultura. Luego de varios intentos, se encontró con la oportunidad de aprender animación, un lenguaje que reunió muchos de sus intereses. Allí descubrió vínculos con la coreografía y la actuación y, al realizar películas, fue aprendiendo sobre fotografía y cine.
Durante su formación pudo conocer estudios donde se realizaban varias películas simultáneamente, con distintas técnicas. “Uno entraba a un set y había princesas, castillos, ríos… Entrabas a otro y era totalmente distinto: el diseño, los muñecos”, recuerda. Según relata, en esa época había una fuerte influencia de la animación de Checoslovaquia y Rusia. Estas escuelas dejaron una huella en su sensibilidad artística: “Me pegaron algo poético de la forma en que animaban. Lo definiría que es muy tierno”.
LA LLEGADA DEL STOP MOTION A CHILE
Vivienne regresó a Chile en 1979 sin imaginar que podría trabajar en animación. La oportunidad surgió a través de un encuentro casual con un amigo que se dedicaba a la publicidad.
“Por casualidad, me encontré con un amigo que estaba preparando un spot publicitario para Ambrosoli. Era creativo de una agencia de publicidad importante y no sabía qué idea usar. Juntos creamos un comercial en el que un caramelo hacía un striptease. Tenía piernas y era un caramelo de verdad que yo animé. Los caramelos de licor estaban en un bar y se caían de espaldas al verlo”.
Después de esa experiencia, comenzaron a llamarla para realizar otros comerciales, trabajo al que se dedicó durante diez años. En esos años no había computadores, y todos los efectos los tenía que hacer a mano, como poner etiquetas, abrir tapas y después salían productos, todo cuadro a cuadro.
Luego de su trabajo en publicidad, Barry desarrolló un mundo artístico para niños y niñas que ha marcado a distintas generaciones. Una de sus creaciones más recordadas es Tata Colores, cuyo origen se vincula con una idea que conoció durante su estadía en Sajonia.
En la televisión alemana veía a Sandmännchen, un personaje que daba las buenas noches a las infancias. Desde entonces tuvo presente la idea de crear una propuesta propia al regresar a Chile. Mientras el personaje alemán tenía un saquito de donde sacaba arena y esparcía para ayudar a los niños a dormir, Tata Colores pintaba historias.
Tata Colores definitivamente pasó a formar parte de la cultura chilena y su nombre sigue presente en la memoria de quienes crecieron con el personaje. Su trabajo para las infancias ha continuado, incluye las series Ene tene tu, Cantamonitos!, Plastilino y Nuku Nuku, esta última dedicada a Rapa Nui, entre otras.
A estas creaciones se suman cortometrajes que han circulado por festivales y el documental Atrapados en Japón, donde exploró una mezcla de lenguajes y registros. “Es un documental híbrido: animación, imágenes en vivo, archivos y fotografías antiguas. Me encantó hacer esa mixtura y pretendo seguir haciéndola”, explica.
La enseñanza también ocupa un lugar importante en su trayectoria. Barry ha realizado numerosos talleres con niños y niñas, incluso fue de las primeras talleristas en el certamen de Ojo de Pescado. Tiene un especial cariño a quienes, después de una primera experiencia junto a ella, decidieron estudiar animación. “Hay niños que aprendieron conmigo durante una semana y después estudiaron animación. Es súper bonito”, expresa. Entre quienes participaron en sus talleres se encuentra el animador mexicano René Castillo, a quien conoció en Guadalajara en 1994.
El regreso a Sajonia conecta los años de exilio y aprendizaje de Vivienne Barry con una trayectoria que ha marcado a generaciones y abierto caminos para otros animadores. Los reconocimientos de Ojo de Pescado y del festival alemán ponen en valor ese recorrido, mientras la cineasta continúa creando y compartiendo su mundo artístico con quienes aprenden de ella y disfrutan de sus historias.



