Nos invitaron al RedBull Valparaíso Cerro Abajo, y acompañados con parte de nuestro equipo recorrimos los casi 2 kilómetros del trayecto que debían bajar a máxima velocidad los arriesgados ciclistas venidos de todas partes del mundo.
Uno de los puntos que más destacamos de todas las versiones de este evento es que no reniega de la loca y empinada geografía de la ciudad, sino que la potencia, recorriendo en pocos minutos escaleras, pasajes, plazas e incluso el interior de una casa. Además, el trazado del evento obliga a porteños y turistas a caminar y conocer espacios que se escapan del tradicional recorrido turístico, invitándolos a descubrir rincones que hasta ese momento pueden haber sido invisibles para ellos.
A medida que subíamos y bajábamos por las calles, nos volvió a sorprender la astucia de los porteños, quienes aprovechaban de vender en las puertas de sus casas bebidas frías, sandwiches e incluso por unas pocas monedas ponían a disposición del público el baño de sus casas.
Nos alegra que en un evento tan masivo los protagonistas, además de los riders que descienden en sus bicicletas, sean los porteños, porque este evento no sería lo mismo sin los cientos de personas que gritan, sufren y apoyan a los deportistas mientras realizan sus arriesgadas maniobras. Este es un evento familiar, un espacio para compartir entre padres e hijos, pero también un lugar donde admirarse de la destreza de los acróbatas de la bicicleta, los que con su talento incentivan de gran manera el deporte en los más pequeños y nos permiten soñar con que en unos años más, quizás el campeón del VCA sea un porteñito o porteñita que hoy miraba con la boca abierta el vuelo de las bicicletas.
En resumen, nos encanta el Valparaíso Cerro Abajo porque muestra una imagen positiva de la ciudad, genera un turismo no destructivo, valora la geografía única de nuestro puerto y nos pone en los ojos de todo el mundo de una manera distinta a la que los noticiarios de los medios nacionales muestran a Valparaíso.
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