El reciente nombramiento de Aldo Ibani como seremi de Salud de la Región de Valparaíso estuvo rodeado de polémicas desde sus primeros días. Diversos cuestionamientos respecto a su formación académica, trayectoria profesional y conductas pasadas generaron un intenso debate tanto en el ámbito institucional como en redes sociales.
Uno de los primeros reparos provino del Colegio Médico (Colmed), desde donde se puso en duda su preparación para asumir el cargo, apuntando principalmente a la falta de experiencia en la gestión del sistema de salud.
Dudas sobre formación académica
Parte importante de la controversia se centró en los estudios consignados en su currículum. Ibani declaraba haber cursado dos programas en la Universidad de Alcalá, en España. Sin embargo, según información difundida, estos corresponderían a “máster”, término utilizado en Europa para referirse a especializaciones, y no necesariamente a un “magíster”, que constituye un grado académico formal en Chile.
A esto se suma que dichos estudios no estarían validados por el Ministerio de Educación, requisito indispensable para su reconocimiento oficial. Además, uno de estos programas habría sido finalizado recientemente, lo que abre dudas respecto a su eventual acreditación en el país.
Antecedentes empresariales
Otro aspecto que generó cuestionamientos fue la constitución, en 2011, de una empresa vinculada al rubro odontológico, en un periodo en que —según las críticas— aún no contaba con un título profesional habilitante.
Denuncias en redes sociales
A los cuestionamientos institucionales se sumaron múltiples denuncias difundidas en redes sociales, donde se le acusó de presuntas irregularidades durante su etapa formativa y profesional.
Algunos testimonios sostienen que habría ejercido funciones como odontólogo sin contar con el título correspondiente, incluyendo atenciones en el Edificio Prosalud. Otros apuntan a una supuesta estafa a estudiantes de odontología alrededor del año 2009, vinculada a la venta de micromotores defectuosos.
Uno de los relatos corresponde a una exestudiante de la Universidad Viña del Mar, quien por temas de seguridad prefiere mantener su nombre en reserva, aseguró que en 2011 se les ofrecieron equipos odontológicos a menor precio. Según su testimonio, los productos entregados eran falsificados y no funcionaban correctamente. Tras insistentes intentos de contacto, el dinero habría sido devuelto únicamente tras la intervención del padre del involucrado. La supuesta empresa operaba bajo el nombre “Odontología Directa” y, de acuerdo al relato, no emitía documentación tributaria formal.
Cuestionamientos sobre ejercicio profesional
También surgieron acusaciones respecto a un eventual ejercicio irregular de la profesión, incluyendo la realización de procedimientos propios de la odontología sin contar con el título, además de realizar los servicios sin entregar boletas.
Asimismo, algunos testimonios indican que Ibani habría afirmado ser el “cirujano maxilofacial más joven de Chile”, lo que ha sido cuestionado por especialistas. Según estos, para acceder a dicha especialidad se requiere contar con el título de cirujano dentista y cursar un programa de postítulo en Cirugía y Traumatología Buco Máxilo Facial, además de experiencia clínica previa.
Relatos sobre inconsistencias personales
Otro elemento que se repite en distintos testimonios apunta a una serie de afirmaciones que, con el tiempo, habrían sido desmentidas. Personas que formaron parte de su círculo durante diversas etapas de su vida señalan que existía una constante construcción de relatos fantasiosos y difíciles de verificar: aseguraba tener una cadena de clínicas odontológicas, contar con un automóvil de alta gama y ser descendiente del expresidente Carlos Ibáñez del Campo, información que fue desmentida por familiares del exmandatario. Asimismo, habría señalado haber estudiado en la Escuela Italiana, pese a que registros indican que cursó sus estudios en el Liceo Eduardo de la Barra.
A lo anterior se suman menciones a reclamos por presunto maltrato a pacientes, deudas asociadas al arriendo de consultas y falta de pago a trabajadores en proyectos anteriores.
Estos cuestionamientos llevaron a que el Señor Ibani renunciara a su cargo tan solo 3 días de haber sido ratificado en el mismo.
La breve duración de este nombramiento vuelve a poner en el centro una discusión que trasciende a un caso particular: la idoneidad de quienes asumen cargos públicos. Más allá de los currículums y las credenciales formales, lo que está en juego es la confianza, un capital frágil que se construye con coherencia, transparencia y trayectoria verificable. En tiempos donde la información circula con rapidez y la ciudadanía observa con mayor atención, los estándares no solo deben cumplirse, sino también resistir el escrutinio. Porque en la gestión de lo público, no basta con parecer apto: es imprescindible serlo.