La tragedia del submarino Flach

Valparaíso, 1866. La brisa marina acaricia el puerto mientras una multitud se congrega en la rada, sus ojos fijos en una silueta que desafía la imaginación: el Submarino Flach. Es un día que quedará grabado en la historia, el día en que Chile se sumerge en la carrera submarina, convirtiéndose en pionero de la exploración …

Valparaíso, 1866. La brisa marina acaricia el puerto mientras una multitud se congrega en la rada, sus ojos fijos en una silueta que desafía la imaginación: el Submarino Flach. Es un día que quedará grabado en la historia, el día en que Chile se sumerge en la carrera submarina, convirtiéndose en pionero de la exploración subacuática en Hispanoamérica.

El ingeniero Karl Flach, junto a su hijo Enrique y una tripulación de valientes, se preparan para demostrar el poder de su creación. El submarino, una estructura de hierro de 12,5 metros de eslora y 2,5 metros de manga, es la encarnación del ingenio humano. Con un sistema de cigüeñales y pedales que mueven sus dos hélices, el Flach está listo para deslizarse en el abismo.

La tensión es palpable. Los ciudadanos de Valparaíso, orgullosos y expectantes, contienen la respiración mientras el Flach comienza su descenso. “Es un momento de gran emoción; estamos presenciando un hito en nuestra historia naval,” comenta un espectador, su voz perdida en el murmullo de la multitud.

El 21 de abril, el Flach navega por primera vez, cortando las aguas con la gracia de un pez metálico. Su proeza no es solo un triunfo de la ingeniería, sino también un símbolo de resistencia y esperanza en medio del conflicto con España.

Pero el destino es caprichoso. El 3 de mayo, apenas días después de su triunfal navegación, el Flach se sumerge para una prueba más profunda. Es un día sombrío, marcado por el reciente bombardeo español del puerto peruano de El Callao. La prueba es arriesgada, pero la confianza en la máquina y en su creador es inquebrantable.

El submarino desciende, y con él, los sueños y aspiraciones de una nación. Las aguas se cierran sobre el Flach, tragándolo en un abrazo mortal del que no regresará. El silencio se apodera del puerto; el luto reemplaza a la euforia. El Submarino Flach, esa maravilla de la tecnología, yace ahora en el lecho marino, un recordatorio eterno de la audacia y la tragedia humana.

Contexto Histórico

En el siglo XIX, las tensiones entre las naciones sudamericanas y España estaban al rojo vivo. La Guerra Hispano-Sudamericana de 1865 a 1866 fue un conflicto que involucró a Perú, Bolivia, Ecuador y Chile en la defensa de sus intereses y la lucha por la independencia. En este contexto, Chile se encontraba bajo amenaza, y su puerto de Valparaíso sufrió un devastador bombardeo por parte de la flota hispana en marzo de 1866. La respuesta chilena fue audaz: se necesitaba una nueva arma para enfrentar a la poderosa armada enemiga.

El Ingenio de Karl Flach

En medio de la crisis, un ingeniero alemán avecindado en Valparaíso, Karl Flach, presentó una idea revolucionaria: un submarino. Flach, conocido por sus cañones de retrocarga, propuso construir una nave capaz de sumergirse bajo las olas y atacar por sorpresa. El gobierno chileno, desesperado por encontrar una solución, autorizó a Flach a llevar a cabo su proyecto.

El Nacimiento del Flach

El Submarino Flach comenzó a tomar forma en 1865. Hecho completamente de hierro, medía 12,5 metros de eslora y 2,5 metros de manga. Su peso se acercaba a las 100 toneladas. Pero lo más sorprendente era su sistema de propulsión: dos hélices movidas por un ingenioso mecanismo de cigüeñales y pedales, impulsado por la fuerza de los tripulantes. El Flach podía alcanzar una velocidad de 2 a 3 nudos y sumergirse durante aproximadamente 8 horas.

Las Pruebas y el Hundimiento

El submarino Flach se convirtió en el primer submarino en Hispanoamérica y colocó a Chile como el quinto país en el mundo en contar con una nave de estas características. Las pruebas comenzaron con entusiasmo, pero también con cierta aprehensión. ¿Sería capaz de enfrentar las profundidades del Pacífico?

El 3 de mayo de 1866, el Flach se sumergió en la rada de Valparaíso para una prueba crucial. Sin embargo, algo salió mal. El ingeniero Karl Flach y su tripulación de 11 personas ( el propio Flach, su hijo de 16 años, cinco alemanes más, dos franceses y dos chilenos:Adolfo Pulgar y Francisco Rodríguez) se encontraron atrapados bajo las aguas. El submarino nunca emergió. El sueño de un arma secreta se convirtió en una tragedia.

Legado y Misterio

Una de las teorías que se maneja, tiene que ver con la nula experiencia de Flach en el área, además de un posible desorden al interior por parte de la tripulación, quienes se concentraron en la proa, inclinando el submarino, llevándolo diréctamente hacia el fondo del mar porteño.

El Flach permanece hundido en las profundidades del Pacífico, un recordatorio de la valentía y la audacia de aquellos tiempos. Aunque no cumplió su misión en la guerra, su legado perdura. Hoy, el submarino Flach es más que una nota al pie de página de la historia: es un símbolo de la búsqueda incansable de la innovación y la lucha por la libertad.

Datos curiosos de la historia

  • Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino”, de Julio Verne, se publicó cuatro años después, en 1870.
  • Flach no permitió que le engancharan una boya a la nave para monitorear la dirección que llevaba.
  • El diario La Patria especuló con una falla en el sistema de inmersión o que el invento no soportó la presión al sumergirse demasiado y se partió.
  • Dos remolcadores y una fragata inglesa intentaron reflotar al submarino. No hubo caso. Varias veces se cortaron las cadenas y las labores se suspendieron. Nadie más buscó la forma de rescatar los cadáveres.
  • En la Bahía de Valparaíso hay cerca de 500 naufragios documentados desde el siglo XVI, un cementerio submarino declarado monumento histórico en 1996.

Fuentes:

Submarino Flach – WikicharliE

Flach: La historia del primer submarino chileno — Radio Concierto Chile

Revelan el misterioso paradero del primer submarino chileno: Diseñado para la guerra pero hundido a los tres días | 24horas

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Jorge Latrillle

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