Decidí aventurarme en el mundo de las citas en línea y creé mi perfil en Tinder. Después de intercambiar mensajes con varios pretendientes, me topé con José, un hombre con un sentido del humor encantador y una sonrisa irresistible. Después de algunas risas virtuales, decidimos encontrarnos en una acogedora cafetería cerca de la Plaza Waddington …
Decidí aventurarme en el mundo de las citas en línea y creé mi perfil en Tinder. Después de intercambiar mensajes con varios pretendientes, me topé con José, un hombre con un sentido del humor encantador y una sonrisa irresistible. Después de algunas risas virtuales, decidimos encontrarnos en una acogedora cafetería cerca de la Plaza Waddington en Playa Ancha.
La tarde llegó, y mientras me dirigía al lugar, sentía una mezcla de nerviosismo y emoción. Al llegar, lo vi: José estaba ahí, leyendo un libro y con esa sonrisa radiante que vi en las fotos. Nos sentamos junto a la ventana, con una vista pintoresca del mar, y la conversación empezó a fluir fácilmente.
Entre sorbos de café y risas compartidas, hubo un momento de silencio incómodo. Justo cuando pensé en cómo romper la tensión, José sacó un pollo de juguete de su bolso y lo colocó en la mesa.
Quedé perpleja y, sorprendida, le pregunté: «¿Un pollo de juguete?» José, con toda naturalidad, respondió: «Sí, siempre llevo uno para estos momentos. ¡Es mi as bajo la manga para romper el hielo!»
El pollo de juguete se convirtió en el protagonista sorpresa de nuestra cita, causando risas tanto en nosotros como en los demás clientes de la cafetería. Aunque el silencio incómodo fue reemplazado por risas, me di cuenta de que José no solo tenía un sentido del humor único, sino también la habilidad de convertir momentos incómodos en experiencias divertidas y memorables.
Al final de la cita, José me regaló el pollo de juguete como un recuerdo divertido. Mientras nos despedíamos entre risas, me di cuenta de que, a veces, las citas pueden tener giros inesperados, pero con la actitud correcta, incluso los momentos incómodos pueden convertirse en anécdotas que contar con una sonrisa en el rostro. El pollo de juguete se convirtió en un símbolo de esa cita única y en un recordatorio de que el humor puede ser la clave para superar cualquier silencio incómodo.
Al despedirnos entre risas, José y yo quedamos en tener una segunda cita, esta vez de noche y con un plan que él organizaría. Con la promesa de una nueva aventura por delante, me marché de la cafetería con una sonrisa en el rostro y la emoción palpable en el corazón.

Valentina es porteña y periodista.
Acaba de volver a Valparaíso luego de terminar sus estudios en España y quedarse algunos años recorriendo el viejo continente. En esta su columna, nos cuenta sus aventuras desde que volvió a nuestro puerto.




