Lo que fue y nunca fue de un festival que invocó el nombre de Pablo Garrido, histórico sindicalista de la música, sin respetar la lucha y los principios que marcaron su vida. Lo que nunca fue el Festival Maniobra de Jazz El primer error fue no escuchar a las primeras personas afectadas en las versiones …
Lo que fue y nunca fue de un festival que invocó el nombre de Pablo Garrido, histórico sindicalista de la música, sin respetar la lucha y los principios que marcaron su vida. Lo que nunca fue el Festival Maniobra de Jazz
El primer error fue no escuchar a las primeras personas afectadas en las versiones I y II del festival. Lo que entonces se ignoró terminó por estallar en la III versión, cuando, pese a contar con financiamiento, las irregularidades comenzaron a afectar a más trabajadores, incluyendo maltrato laboral y falta de pago.
Así comienza esta carta abierta. Podríamos mencionar muchos errores y señales que ya advertían malas prácticas. Sin embargo, hay un hecho fundamental: el acceso y control de los recursos quedó exclusivamente en manos de Francisco Saldes Aliaga, encargado del proyecto, quien nunca permitió que otras personas se involucraran en su administración.
Más allá de la falta de pagos, lo que marcó el funcionamiento del festival fue una dinámica constante de silencio, respuestas tardías y tratos hostiles hacia el equipo de trabajo. Cuando surgían problemas, la responsabilidad tendía a trasladarse a músicos o integrantes del equipo, mientras se acumulaban promesas incumplidas, desorganización y decisiones tomadas sin revisar información esencial.
En mi caso personal, participé como community manager del festival, rol que en la práctica fue mucho más amplio. Desde ese lugar trabajé en la difusión, el desarrollo de contenidos y la gestión de redes sociales, pero también asumí tareas que excedían completamente esa función: contacto con contrapartes, apoyo en producción, coordinación de catering, desarrollo de la página web e incluso inversión en publicidad para asegurar visibilidad a la programación. Al mismo tiempo, sostuve una carga laboral considerable: durante 2025 desarrollé más de cinco proyectos independientes en paralelo, además de mi trabajo permanente y de mi rol como madre.
Francisco Saldes Aliaga conocía además la delicada situación personal que atravesaba en ese momento, debido a la enfermedad de mi padre. A pesar de ello, insistía en sobrecargarme con nuevas tareas, como participar en reuniones presenciales a solas con él, con la excusa de buscar financiamiento, aun cuando yo ya había cumplido con las responsabilidades que me correspondían y el avance del proyecto dependía de gestiones que solo él podía realizar.
En más de una ocasión debí enfrentar directamente las consecuencias de promesas realizadas por él sin respaldo real. Esto ocurrió, por ejemplo, cuando se invito a trabajar en dos ocasiones personas de apoyo, a quienes se les había comprometido un pago sin contar previamente con los recursos necesarios. Así tuve que hacerme cargo de uno de los pagos, porque Francisco Saldes Aliaga dejó simplemente de responder a los asistentes que ya habían trabajado.
En varias ocasiones, cuando yo no estaba presente y surgía algún problema, Francisco Saldes Aliaga atribuía directamente la responsabilidad a mi persona. Por ejemplo, cuando el bus proveniente de Casablanca no lograba ubicar el lugar donde nos encontrábamos en Valparaíso, situación que no era de mi responsabilidad, o cuando renunció el fotógrafo y pretendió que yo asumiera esa labor, avisándome el mismo día del evento. El día de Casablanca, yo fui a trabajar enferma, y jamás falte, incluso, iba a trabajar con mi hija teniendo la camiseta puesta por el proyecto.
En paralelo con Francisco Saldes Aliaga, manteníamos una amistad, que termino en un completo aprovechamiento de su parte. Varias veces intentaba tomarme la mano o abrazarme donde tenia que señalarle que yo no era su pareja y su enojo era evidente. Eran grandes advertencias que no consideré graves, porque pensé que estaba siendo clara.
Los primeros meses del Festival salió dentro de todo, de la manera esperaba, pero habían situaciones que empezaron a escalar como la renuncia de dos integrantes del equipo, hasta que en septiembre se hacía insostenible. Llegado septiembre, estuve en contacto por correo y mensajes con Vane Bravo Trío y Juan Pablo Salvo Cuarteto. A ninguno de los dos elencos se les había pagado, y Francisco Saldes Aliaga no respondía por ningún canal. Como yo estaba en copia en los correos de Vane Bravo, conocía la situación y era la única persona que respondía. Por su parte, Juan Pablo se puso en contacto directo conmigo al enfrentarse al silencio de Francisco Saldes Aliaga. En ese contexto, asumí el rol de comunicarme con Francisco Saldes Aliaga para que se realizaran los pagos Intenté mantener siempre un tono respetuoso y diplomático; sin embargo, el nivel de estrés era muy alto, y la falta de respeto hacia los músicos era tal que debía llamarlo incluso a medianoche para que efectuara los pagos. Se lo comentaba cuando tenía la oportunidad de verlo, también le escribía, pero sus respuestas eran siempre de muy mal tono y con evidente enojo.
Las respuestas que recibía, solían ser evasivas y acompañadas de excusas reiteradas, en más de una ocasión justificó su falta de respuesta señalando frases como: «La gente no entiende que si no contesto es porque estoy ocupado”, o relativizando las reclamaciones de los músicos con comentarios como: «Los músicos, cuando van a un local, aceptan tocar por un par de lucas y cuando uno les va a pagar bien empiezan a poner problemas.”
En ese mismo contexto, intentó en más de una oportunidad que yo enviara mensajes a los músicos en su nombre… mensajes desubicados, como decir que había gastado mucho en catering o comida y debían devolver dinero. Me negué a hacerlo, pues consideré que no correspondía trasladar esa responsabilidad ni emitir explicaciones que no dependían de mí. Lo que correspondía, y así se lo señalé reiteradamente, era cumplir con los compromisos adquiridos y efectuar los pagos pendientes.
Una historia que terminó convirtiéndose en machismo puro, ya que Francisco Saldes adoptó una postura de abierta hostilidad hacia mí que persiste hasta el día de hoy… He tenido que ser muy fuerte emocionalmente para sostenerme, aunque inevitablemente terminó afectándome. Lo más complejo era cómo estas situaciones laborales se entremezclaban con mi vida cotidiana.
Francisco Saldes Aliaga intentaba presentarse con frecuencia en mi casa, incluso sin avisar. En más de una ocasión me vi en la necesidad de decir que debía salir o que tenía otros compromisos, incluso teniendo que dar la vuelta a la esquina para que finalmente se retirara, siempre él intentaba que tomáramos vino, porque no paga pero siempre tiene botellas de vino. Ya me había exigido antes dar explicaciones sobre mi vida personal, particularmente sobre una relación con quien era mi pareja. Y sí, se enojó: estaba ofendido porque yo tenía una pareja y él no lo sabía.
A lo largo de este proceso también invertí recursos propios para sostener tareas que el proyecto requería: financiamiento de publicidad, desarrollo y montaje de la página web, y pago de asistentes que colaboraron en distintas labores. A ello se sumó una dedicación de tiempo considerable, muy por encima de las funciones originalmente acordadas. Durante octubre, solicite que ya debía pagarme, llevaba trabajando desde abril, ahí fue cuando derivó en un progresivo silencio por parte de Francisco Saldes Aliaga hacia mi persona. Fue en ese contexto que decidí presentar mi renuncia. En ese momento, cuando todavía me respondía, se argumentó que faltaban aproximadamente tres millones de pesos producto de un supuesto robo. Sin embargo, dicha afirmación nunca fue comprobada. Posteriormente, cuando una persona externa revisó los movimientos de la cuenta, no se detectaron operaciones anómalas que respaldaran esa acusación (reviso la cuenta con un conocido). Aun considerando esa situación, señalé expresamente que los recursos existentes seguían siendo suficientes para cumplir con compromisos prioritarios: pagar a los músicos que aún no habían recibido su remuneración e incluso cubrir al menos una parte de mi propio sueldo pendiente. .
El día en que la presenté, siendo la tercera de cuatro personas en renunciar, volví a solicitar que se efectuaran los pagos pendientes que yo conocía hasta ese momento, en particular el correspondiente al elenco de Vane Bravo. Ahí recién me llamó, asumiendo nada la culpa, aunque no me pago, todavía no venía lo peor.
Con el paso del tiempo la situación se hizo pública y comenzaron a aparecer denuncias y relatos de otras personas sobre el funcionamiento del festival, sobre todo ghosteo para no pagar.
En ese contexto, a fines de noviembre recibí una llamada telefónica de Francisco Saldes Aliaga. Pues él no entendía por qué yo estaba enojada, ni tampoco por qué le pedía expresamente que dejara de publicar imágenes mías en redes sociales, como si entre nosotros existiera algo más que trabajo y una amistad.
En esta conversación jamás reoconoció nada menciono que todas las funas eran por personas con «Tejado de Vidrio», así menciona a los trabajadores de la música y la cultura…, durante esa conversación insistió en enviarme un correo electrónico que no tenía ninguna relación con el festival. Le pedí que no lo hiciera, esta vez de manera muy enfática y molesta, y claramente afectada por la cantidad de mentiras acumuladas. Le mencione que si necesitaba comunicarse conmigo, fuera únicamente para resolver el pago pendiente y cerrar definitivamente el tema y cualquier vínculo entre nosotros.
Sin embargo, igualmente insistió en enviarlo y, para mi sorpresa, ese correo volvió a incluir preguntas sobre mi vida personal, esta vez respecto de mi vida sexual, lo que me hizo sentir humillada y constituye una grave falta a mi dignidad.
También quedo claro que la relación era vertical pues el pago dependía solo de él y por ética no debe enviar ese tipo de comunicaciones, menos en una crisis que él mismo genero gastándose el dinero como si fuera de uso personal.
Todo esto ocurría mientras debía cuidar a mi padre las 24 horas, y no tenía por qué estar pasando por esta situación ni ver mi vida interrumpida por las conductas de Francisco Saldes Aliaga. Ese tiempo era valioso; yo debía estar con mi padre, no lidiando con preocupaciones derivadas de la irresponsabilidad de un hombre de 45 años que vive del trabajo ajeno.
La situación no terminó ahí. En más de una ocasión acudió a mi lugar de trabajo para dejar objetos que no le solicite como como ropa de donación a mi hija. Ante esto le envié un correo insistiendo en dos puntos muy claros: que el trabajo realizado seguía sin ser pagado y que parará de dejar objetos en mi lugar de trabajo, ya que aquello me resultaba profundamente incómodo.
En ese correo incluí en copia a otro integrante del equipo a quien también se le adeuda dinero.
Lejos de detenerse, posteriormente contactó a una compañera de mi oficina para referirse a mi familia mencionando que recibía amenazas o que se presentaban en su casa… así de delirante llegó esto, ya no respetaba límites de nada para mostrarse como «víctima».
Más tarde volvió a incluirme en copia en otro correo en el que regalaba entradas para ver a Inti-Illimani, lo que pasaba entre líneas es que en marzo del 2025 yo me moleste con Francisco Saldes Aliaga porque intentaba atribuirse la autoría de un texto que yo había escrito para una revista web en la que YO colaboro.
Para ese momento, enero de 2026, la situación ya había sobrepasado completamente los límites de una relación laboral. Pues no dejaba de mezclar mi lugar de trabajo con sus problemas de vida, pues la información de problemas no solo se atribuían al Festival también a la JJVV que estaba de presidente, mencionar que no fui yo quien comento esto problemas en mi lugar de trabajo, yo fui extremadamente reservada, y recién el año 2026 empecé hablar de esto. Incluso la mayoría del circulo que conozco, incluyendo mi lugar de trabajo se enteraron por las funas en redes sociales.
Fue tanto la persistencia de Francisco Saldes en molestarme que tuve que vivir algo, que nadie debería pasar, que fue conversar con mis compañeros de oficina sobre lo que estaba ocurriendo, transparentar el hostigamiento «indirecto» mientras no se pronuncia NUNCA sobre su deuda conmigo o mis compañeros del festival maniobra de jazz.
Luego, se volvió a comunicar en un correo electrónico en el que me amenazaba por haber firmado una carta pública sobre las situaciones ocurridas en el festival Maniobra de Jazz, afirmando que lo que yo hacía era ilegal y adjuntando referencias a las leyes de calumnias e injurias. No hace tanto, durante marzo 2026, en medio del duelo por la perdida de mi padre Francisco Saldes hizo que su mamá me llamará. Situación que me genero insomnio y me dejó alterada, pues recibñi esa llamada durante la semana alas 11 de la noche, pensando que me llamaban por una emergencia.
En resumidas cuentas , esa llamada se menciono que mi hija se iba ver afectaba por esta misma carta, y se hablaba de Francisco Saldes Aliaga cómo si se tratara de una persona de 15 años…Francisco Saldes tiene 46 años, y a lo largo de su carrera la irresponsabilidad ha sido su tónica.
Hasta el momento, he sido la única persona del equipo que no ha recibido ningún pago, el debe a otras personas, pero pago una parte, a diferencia conmigo que es $0 pesos.
El día 31 de marzo, Francisco Saldes Aliaga, logro robarse esta web pues por un canal todavía estaba asociada al correo del Festival…y por supuesto borró por completo esta carta, para no dejar huellas de sus actos. La carta la tuve que volver armar.
Pude eliminar su ingreso pues esta comprobado que yo pague por esta página y soy quien la monto y la mantuvo (Por el momento se han borrado han parte de mi trabajo, porque no quiero que se sigan robando mi trabajo).
A pesar de todo lo ocurrido, conocer a las músicas y músicos que participaron en este proceso fue una experiencia profundamente valiosa.
Nuestro país posee un patrimonio musical extraordinario, construido durante décadas por mujeres y hombres que han dedicado su vida a la creación, la interpretación y la transmisión de ese conocimiento. Haber podido trabajar junto a ellos y ellas es algo que valoro y agradezco sinceramente.
Precisamente por ese respeto hacia su trabajo, incluso después de presentar mi renuncia continué realizando tareas que permitieran que los compromisos adquiridos se cumplieran: colaboré en la elaboración de afiches, mantuve contacto con contrapartes institucionales, envié información para comunicados de prensa y generé material audiovisual que entregué sin costo, con el único objetivo de que los conciertos y actividades pudieran desarrollarse de la mejor manera posible para los elencos involucrados.
Sin embargo, hasta el día de hoy siguen existiendo pagos pendientes hacia integrantes del equipo de trabajo. Quienes sostuvimos gran parte de la gestión del festival hemos sido tratados como si nuestro trabajo fuera prescindible, cuando en realidad fue fundamental para que el proyecto existiera.
Esta carta no busca dañar a la comunidad musical, sino todo lo contrario: busca recordar que el trabajo cultural merece respeto, transparencia y responsabilidad. Ningún proyecto que invoque el nombre de figuras tan significativas para la historia de nuestra música, como Pablo Garrido, puede sostenerse sobre prácticas que contradicen los principios de dignidad y justicia que esas mismas figuras defendieron.




