Llevaba varios meses saliendo con José y las cosas iban bastante bien. Ahora, para las fiestas patrias, me invitó a almorzar a la casa de su madre. La idea de conocer a su familia me puso nerviosa. José me había contado mucho sobre su madre; cómo ella era una mujer fuerte y cercana, así que …
Llevaba varios meses saliendo con José y las cosas iban bastante bien. Ahora, para las fiestas patrias, me invitó a almorzar a la casa de su madre. La idea de conocer a su familia me puso nerviosa. José me había contado mucho sobre su madre; cómo ella era una mujer fuerte y cercana, así que me esmeré en lucir lo mejor posible.
El trato era encontrarnos en casa de ella, así él podía preparar el ambiente y avanzar la comida para que todo estuviera listo al momento que yo llegara. Cuando me bajé del Uber, algo me llamó la atención. No sabía exactamente qué era, pero una gota de sudor frío recorrió toda mi espalda.
Antes de que pudiera pensar más en ello, la puerta se abrió. Mi sonrisa, que había comenzado a formarse en mi rostro, se congeló de golpe cuando vi quién estaba frente a mí.
—¿Marilyn? —mi voz apenas salió como un susurro, incrédula.
Era ella. La mujer con la que había tenido una apasionada aventura de una noche. Su mirada, igual de sorprendida, me dejó claro que también me recordaba. Aquella rubia seductora que había conocido en Pagano y con quien pasé una noche memorable, ahora me miraba desde el umbral de la puerta. La mujer, con su porte elegante, su vestido largo y conservador junto con su cabellera rubia perfectamente arreglada, estaba a centímetros de mi rostro, sonriéndome incómoda.
—¿Valentina? —preguntó ella, también en shock.
La incomodidad aumentó. Mi mente corría a toda velocidad, tratando de unir los cabos sueltos. Pasaron unos diez segundos que para mi fueron como horas. Hasta que José apareció detrás de ella, con una sonrisa de oreja a oreja. —Val, te presento a mi mamá, Marilyn.
Mis ojos se movieron de José a Marilyn, y luego de vuelta a José. Traté de mantener la compostura, pero el giro surrealista de los acontecimientos me superaba.
—Un placer conocerte —logré decir, mientras Marilyn me extendía la mano.
Marilyn, por su parte, continuaba mirándome como si intentara decidir como reaccionar frente al inesperado reencuentro.
La mesa estaba puesta, los aromas de la parrilla llenaban la casa y yo solo pensaba en alguna manera de salir corriendo.
Valentina es porteña y periodista.
Acaba de volver a Valparaíso luego de terminar sus estudios en España y quedarse algunos años recorriendo el viejo continente. En esta su columna, nos cuenta sus aventuras desde que volvió a nuestro puerto.





